Este artículo es una traducción de “Why Health Care Is so Expensive (and How to Fix it)” escrito por David Sukoff y que puedes encontrar aquí
En
un reciente debate presidencial, un candidato declaró en repetidas veces que la
sanidad accesible es un derecho. Con el énfasis en lo asequible, uno debe
reflexionar sobre qué distorsión de la lógica económica puede el gobierno hacer
algo más accesible.
La
historia está plagada de evidencia clara de que el gobierno distorsiona los
mercados, haciendo que los bienes y servicios deseados sean más escasos y mucho
menos asequibles. Para que la atención médica sea más económica, se debe
minimizar la participación del gobierno.
Desafortunadamente,
muchos proponen una participación mucho mayor del gobierno en el mercado de la
atención médica. Esto va desde una opción pública hasta un sistema de pagador único.
Dejando a un lado esos nuevos programas gubernamentales, la actual intromisión
del gobierno en la sanidad se ha ido propagando sin cesar fuera de control.
La
extralimitación del gobierno en el cuidado de la salud comienza con la
horriblemente mal llamada Affordable Care
Act (Ley de Sanidad Accesible). La premisa de Obamacare, y el modelo de
Massachusetts que lo precedió, se basó en el engañoso concepto de que quienes
no poseen un seguro están aumentando los costes. Aquellos cuyo interés
subyacente era el control gubernamental de la atención médica estaban ansiosos
por permitirse esta falacia económica. Las regulaciones estatales aumentan los
costes, no al revés. Esto produjo que los seguros se volvieran menos asequibles,
aunque más subsidiados, y los costes aumentasen drásticamente.
Además,
la Ley de Sanidad Accesible exacerba la erosionada definición de seguro médico
como seguro real. Es decir, el seguro es una forma de mitigar el riesgo de
eventos poco probables y con un alto coste. Aquellos que aún no pueden pagar la
atención médica pueden ser subsidiados por el gobierno. Hay poca lógica en
transformar todo el sistema de atención médica en un programa controlado por el
gobierno cuando solo una parte de la población necesita ayuda, especialmente
cuando los precios disminuyen con una función gubernamental reducida.
Pero
la intrusión del gobierno en el mercado de la atención médica es más insidiosa
que la Lay de Sanidad Accesible. Medicare representa aproximadamente una cuarta
parte de todo el mercado de la sanidad. Su inmenso daño al mercado es un doble
golpe: los contribuyentes sufren un enorme coste de oportunidad al pagar por la
fuerza a un sistema en quiebra y los consumidores se ven alejados de tomar
decisiones reales.
El
coste de oportunidad no es difícil de calcular. Toma la cantidad que tanto un
empleado como un empleador pagaron en impuestos a Medicare durante toda su vida
laboral. En su lugar, colócalo en una cuenta de ahorros para la salud y déjalo
crecer antes de impuestos. Utiliza una combinación conservadora de 50 por
ciento en acciones de EE.UU. y el otro 50 por ciento en bonos del gobierno de
EE.UU. A los 65 años, o la edad de jubilación que elija una persona, es casi
seguro que la cuenta será múltiplos mayores de lo que distribuirá el gobierno.
Y el consumidor estaría eligiendo dónde y cómo gastarlo.
Sin embargo, es el control del gobierno el que causa el daño severo.
En
un mercado, cuanto mayor es la distancia entre el pagador y el consumidor,
mayor es la distorsión en el nivel de precios. Cuando el gobierno toma
decisiones acerca del cuidado de la salud, hay menos incentivos para que los consumidores
controlen los gastos y para que los productores reduzcan los costes e innoven.
El sistema actual de seguros propaga una discrepancia entre las personas que
reciben la atención médica y quienes la pagan.
Los
precios están fuera de control porque casi todos los costes están sufragados
por alguien que no sea el consumidor real, quien rara vez tiene conocimiento
del precio. El coste de una visita a urgencias no es exorbitante debido a los
no asegurados que visitan, sino más bien porque prácticamente nadie que visita paga
la factura directamente.
Esto,
por supuesto, se extiende mucho más allá de Medicare y los programas
gubernamentales que suman aproximadamente la mitad de todos los gastos de
atención médica. El mercado de la sanidad privada está bajo la competencia del
gobierno en términos de incentivos fiscales distorsionados. Nuestro sistema
tributario obliga a los consumidores a adherirse a planes de seguro que no son
óptimos para ellos y que no son realmente un seguro, sino un sistema que aleja
las decisiones de gasto del consumidor real.
Independientemente
de si uno cree que la sanidad accesible es un derecho, está claro que la
asequibilidad y el grado de intervención del gobierno están correlacionados
negativamente. El mercado de la atención médica de EE.UU. ha experimentado una
inflación desmesurada como resultado directo de la participación del gobierno.
El mercado está dolorosamente distorsionado y el pueblo estadounidense tiene
menos atención médica porque es menos asequible de lo que debería ser. A medida
que los ciudadanos recuperen el control de sus gastos en sanidad, se
controlarán los costes y la atención médica se volverá más asequible. A medida
que la atención médica se vuelve más asequible, aumenta su consumo y calidad. Se
salvan y se mejoran vidas.
La
Ley de Sanidad Accesible debe ser derogada. Medicare necesita una reforma. Es
necesario ampliar las cuentas de ahorro para la salud. El gobierno necesita
salir del mercado. La toma de decisiones sobre el cuidado de la salud debe
volver a la gente.
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