Este artículo es una traducción de "Why forced "charity" is bad economics" escrito por Satish Bapanapalli y que puedes encontrar aquí
La caridad es algo personal, y debería seguir siendo así.
“La economía nos dice
que la principal motivación [detrás de las donaciones benéficas] es la
satisfacción interna que los individuos reciben del acto de entregarse.” Esa
era la conclusión de un artículo de 2005 llamado “La economía de las donaciones
caritativas: ¿Qué dan?” publicado por el Banco de la Reserva Federal de St.
Louis.
Realización a través de la caridad
No podría estar más de
acuerdo. Igual que la libertad es un deseo fundamental de todo ser humano,
también lo es el deseo de ayudar a los demás seres humanos. Las personas
expresan caridad en muchas otras formas, como el apoyo al bienestar animal, la
conservación de la naturaleza, la promoción de las artes, el incentivo a la
investigación básica y las causas ambientales.
No quisiera ser un
cínico, pero la realización que la caridad brinda a las personas es como
cualquier otro servicio. Pagamos un precio por ver una película o para pasar
un buen rato en un parque de atracciones como Universal Studios. A cambio,
obtenemos la satisfacción de grandes recuerdos. En el caso de la caridad, el
precio que pagamos nos da, a cambio, realización.
Entonces, ¿por qué es
importante ver la realización obtenida de la caridad como cualquier otra
mercancía? ¡Porque entonces los economistas pueden aplicar sus teorías y
divertirse! (*enorme sonrisa de economista*)
Hagamos dos ejercicios
mentales. Primero, ¿cómo se sentiría si su deseo es comprar un Lexus Sedan con
su dinero, pero se ve obligado a comprar un Hyundai Sedan por el mismo precio,
a pesar de que el Hyundai Sedan tiene un precio mucho más bajo en el mercado?
En segundo lugar, supongamos que obtiene una gran satisfacción al donar su
dinero al Proyecto Guerrero Herido. Sin embargo, en su lugar, se ve obligado a
donar ese dinero para ayudar a proteger el hábitat del rinoceronte indio. ¿Cómo
le haría sentir eso?
Ambos ejercicios
mentales son similares. Comprar un Lexus Sedan y donar al Proyecto Guerrero
Herido son sus elecciones personales. ¡Por eso la caridad es personal! Si, por el contrario, se le obliga a donar
a organizaciones benéficas con las que no se identifica, entonces no obtiene la
misma realización por esa donación.
Política de bienestar
¿Cómo es esto relevante
para las políticas públicas? Piense en las políticas de bienestar.
Las políticas de
bienestar son una “caridad” forzada a la gente por los políticos y burócratas,
quienes forzosamente, te quitan tus ganancias y patrimonio y se lo dan a
organizaciones benéficas de su elección: Medicaid, cupones para alimentos,
USAID (La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), o el
seguro de desempleo. Los políticos y burócratas también patrocinan otras
"organizaciones benéficas", como los subsidios a la industria del
acero, los agricultores, las compañías de energía solar y eólica y las
compañías de automóviles eléctricos.
Las donaciones medias
por hogar estadounidense representan entre el tres y el cinco por ciento de los
ingresos. Algunas personas altamente caritativas donan mucho más, y algunas no
donan ninguna parte de sus ingresos a la caridad. ¡La caridad es personal!
Sin embargo, el
gobierno federal y los gobiernos estatales de los EE.UU. gastan más de 1 billón
de dólares en asistencia social cada año, de media, un 10 por ciento del ingreso
familiar mediano estadounidense, y esto ni siquiera
tiene en cuenta todas las otras organizaciones benéficas no relacionadas con el
bienestar.
Para añadir más leña al
fuego, estas organizaciones benéficas gestionadas por el gobierno están mal
administradas. El presupuesto de casi 600 mil millones de dólares para Medicaid
se puede usar para comprar los Planes de Oro Obamacare (los planes de seguro de
salud mejor calificados) para cada uno de los 74 millones de afiliados de Medicaid,
¡y aún quedan más de 100 mil millones de dólares de sobra! Sin embargo, muchos
estados se quejan de que no tienen fondos suficientes para cubrir todas las
solicitudes de Medicaid. De hecho, hace unos años, el gobierno del estado de
Oregón realizó un experimento para elegir a los beneficiarios de Medicaid a
través de la lotería.
Si todo el presupuesto
de asistencia social del gobierno federal y los gobiernos estatales de más de un billón de dólares se desembolsara como pagos directos en efectivo divididos en
partes iguales entre cada persona por debajo del nivel de pobreza, entonces la
familia pobre media de tres personas obtendría una cantidad equivalente al
ingreso familiar mediano de 60,000 dólares. Y, sin embargo, tenemos a Bernie
Sanders y a Alexandria Ocasio-Cortez moralizando sobre cómo los ricos no están
pagando su parte, y que deberíamos contemplar un impuesto del 60-90 por ciento
a los ingresos de los multimillonarios y además aprobar un impuesto sobre
patrimonio a aquellos que más tienen.
Caridad
forzada
Y lo peor de todo, las
personas que están siendo obligadas por el gobierno a realizar esta
"caridad" ni siquiera obtienen la satisfacción de haber ayudado a
otros seres humanos necesitados debido a la naturaleza impersonal de la caridad
de los programas de asistencia social del gobierno. Y los beneficiarios de la
asistencia social no se sienten agradecidos, porque los políticos y los
activistas les han convencido de que la asistencia social es un derecho otorgado
por el gobierno, no un regalo caritativo.
En países con
poblaciones altamente homogéneas, como en los países escandinavos, las personas
caritativas aún obtienen una satisfacción adecuada de la "caridad"
impuesta por el gobierno porque pueden sentirse identificados con los
destinatarios de la "caridad" gubernamental. Es por eso que un gran
estado de bienestar en tales países no conduce a una insatisfacción pública
perceptible. A medida que los países se vuelven más heterogéneos, los niveles
de insatisfacción aumentan considerablemente. Estados Unidos es un buen
ejemplo.
Las organizaciones
benéficas privadas pueden discriminar positivamente a las personas que son
capaces de levantarse por sí mismas, pero se niegan voluntariamente a hacerlo
frente a las personas que realmente necesitan caridad. Como dice Jude
Blanchette, "la ayuda dada sin nutrir el carácter de un hombre lograría
poco más que degradarlo". La "caridad" del gobierno tiene poco
espacio para tal discriminación positiva debido a la naturaleza burocrática de
la aplicación de normas rígidas, y de hecho fomenta la dependencia debido a malos
incentivos, como grandes listas de asistencia social que conducen a mayores
presupuestos de asistencia social para los burócratas.
Aquí hay una forma
peculiar de resumir la "caridad" impuesta por el gobierno federal y los
gobiernos estatales de los Estados Unidos. Desea comprar un Lexus Sedan por 50,000
dólares. Pero el gobierno le está quitando 150,000 dólares y, a cambio, le está
dando un Hyundai Sedan que tiene un precio de 20,000 dólares. Es decir, está
siendo obligado a gastar la diferencia de 130,000 dólares sin obtener ningún
valor de ello. ¡Eso es mala economía!
En las transacciones
económicas de libre mercado, tanto el comprador como el vendedor se benefician
mutuamente de una transacción. Y eso es lo que sucede en la caridad voluntaria.
Las personas caritativas (compradores) dan voluntariamente su cantidad deseada
de dinero a causas en las que creen. Los beneficiarios de la caridad
(vendedores) están agradecidos por la ayuda que tanto necesitan. Eso es buena
economía.
En la 'caridad'
impuesta por el gobierno, los compradores (contribuyentes) no obtienen una
realización proporcional a sus gastos porque se ven obligados a gastar mucho
más dinero del que pretendían y en causas en las que no necesariamente creen.
Incluso los vendedores (los beneficiarios de la ayuda social) no obtienen una
satisfacción proporcional porque piensan que tienen derecho a más pagos de
asistencia social y que el gobierno y "el sistema" se están quedando
cortos. ¡Eso es mala economía en general!
Las malas políticas
económicas dan como resultado un crecimiento económico mediocre que conduce a
una mayor pobreza. El porcentaje de población estadounidense en la pobreza
disminuyó rápidamente hasta que Lyndon Johnson declaró su "guerra contra
la pobreza" mal concebida en la década de 1960 a través de una expansión
masiva del estado de bienestar. Desde entonces, el porcentaje de estadounidenses
en la pobreza se ha estancado en torno al 14 por ciento. La "caridad"
forzada solo garantizará la perpetuación de la pobreza y la miseria.
La caridad es personal,
y deberíamos mantenerla así.
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