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¿Capitalismo o el clima?


Este artículo es una traducción de "Capitalism or the climate?" escrito por Saul Zimet y que puedes encontrar aquí 


¿Pueden coexistir de forma sostenible el ecologismo y el capitalismo? Un movimiento influente de activistas ecologistas ven al capitalismo y al ecologismo como algo inmoral. Según el título de un artículo de The Guardian, “Acabar con el cambio climático requiere acabar con el capitalismo”. Un artículo en Foreign Policy, mientras tanto, está subtitulado “Nuevos datos demuestran que puedes apoyar al capitalismo o al medio ambiente, pero es difícil apoyar a ambos”. Y en su bestseller “Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima”, Naomi Klein escribió “Al plantear el cambio climático como una lucha entre el capitalismo y el planeta, no estoy diciendo nada que no sepamos”. Estos son solo unos cuantos de incontables ejemplos.

Este punto de vista no solo habita en redacciones, pero también en los pasillos del gobierno. La congresista Alexandria Ocasio-Cortez, autora del Green New Deal de 2019 y sustituta de Bernie Sanders en las primarias del Partido Demócrata de 2020, dijo en el SXSW de 2019 que “El capitalismo, para mí, es una ideología del capital. Lo más importante es la concentración del capital, y eso significa que buscamos y priorizamos el beneficio y la acumulación de dinero por encima de todas las cosas, y lo buscamos a cualquier coste humano y medioambiental. Eso es lo que significa. Y para mí, esa ideología no es sostenible y no puede ser redimida.” Implicaciones parecidas se pueden ver en alguna de las frases del mismo Senador Sanders:


Por el contrario, ecologistas moderados, como el economista ganador del Premio Nobel, William Nordhaus, en su libro “El casino del clima” discute que la geoingeniería emparejada a un impuesto moderado del carbón o a políticas de comercio de mercados podrían de forma suficiente mitigar al cambio climático sin debilitar severamente el crecimiento económico. Pero tanto si crees que una visión radical o una más moderada es más realista, merece la pena hacerse esta pregunta: ¿Qué deberíamos hacer si el ecologismo y el capitalismo son de veras incompatibles?
A veces damos por hecho que si solo pudiéramos elegir uno, deberíamos desechar el capitalismo y sostener el clima. “Lo que el clima necesita para evitar el colapso” Naomi Klein escribió, “es una contracción en la forma humana de utilizar los recursos; lo que nuestro modelo económico necesita para evitar el colapso es una expansión sin trabas. Solo una de estas reglas puede ser cambiada, y no son las reglas de la naturaleza.” Esta perspectiva común es el resultado de errores muy extendidos, y derribarlos demostrará que el capitalismo es más peligroso para el futuro de la humanidad que el ecologismo.

El mito del “Spaceship Earth” (Nave espacial Tierra)

Casi todo el mundo cree en el concepto erróneo de “Spaceship Earth”, incluso si no tienen un nombre para ello. Yo mismo creía en ello hasta que leí “El comienzo del infinito”, de David Deutsch, físico de la Universidad de Oxford. “Spaceship Earth” es el concepto de nuestro planeta como un oasis vivificante en un universo mayormente desolado. Según esta noción, la Tierra nos da todos los recursos necesarios para sostener la vida humana, y es decisión nuestra vivir de forma sostenible o destruir la cornucopia de la que dependemos.

¿Qué tiene de erróneo el concepto de “Spaceship Earth”? En resumen, el planeta Tierra no es capaz de sostener la vida. Casi el 99.9% de las especies que alguna vez han existido en la Tierra ahora están extintas, algunas de ellas por eventos de extinción masiva y otras por extinción natural. Así que en realidad, la Tierra es casi enteramente inhabitable. Por el contrario, un 3.15% de las ejecuciones realizadas en Estados Unidos entre 1890 y 2010 fallaron en matar a sus víctimas. Una especie en la Tierra tiene más probabilidad de extinguirse que una persona de morir eficientemente en una silla eléctrica.

Deutsch señala que si fuera transportado de repente al Valle del Gran Rift en su estado primitivo, probablemente moriría en cuestión de horas. Asimismo, la gran población Amazónica a lo largo de la historia habría muerto rápidamente en el Ártico, y la mayoría de población del Ártico habría muerto en el Amazonas. Muy pocos de nosotros sobreviviríamos mucho tiempo si fuéramos transportados de repente a un lugar aleatorio de la Tierra.

El conocimiento, alega Deutsch, es la variable más relevante para nuestro potencial florecimiento. Cuando las poblaciones Árticas sobreviven en el Ártico y las poblaciones Amazónicas sobreviven en el Amazonas, lo hacen gracias al conocimiento. Si Deutsch fuera de repente transportado al primitivo Valle del Gran Rift, moriría por falta de conocimiento. Sin el conocimiento necesario, los humanos morirían en cualquier parte. Con el conocimiento necesitado, encriptado en la mente, en genes, en ordenadores o en otras superficies, los humanos podrían sobrevivir en cualquier parte, en la Tierra o en algún lugar del espacio:

Tanto si los humanos pudieran vivir completamente fuera de la biosfera –Por ejemplo, en la luna- no depende de las peculiaridades de la bioquímica humana. Igual que los humanos hacen que aparezca ahora mismo una tonelada de vitamina C en Oxfordshire cada semana (de sus granjas y fábricas), podrían hacer lo mismo en la luna. Y lo mismo para el aire respirable, agua, y temperatura agradable y todas sus otras necesidades. Esas necesidades pueden ser cubiertas con el conocimiento correcto, transformando otros recursos.

Deutsch explica que incluso hoy, los humanos poseen la tecnología para colonizar la Luna y otros entornos considerados duros. En este momento, colonizar la Luna sería prohibitivamente caro. Pero ahora mismo puedes comprar un disco duro de 4 terabytes en Amazon por menos de 100 dólares. En 1980, todo ese almacenamiento costaría alrededor de 772 millones de dólares. El precio de la tecnología suele atravesar enormes reducciones según avanza la ciencia. Dado que el precio de la memoria digital se ha reducido millones en solo unas pocas de décadas, imagina las sociedades extraterrestres que podríamos construir después de un par de siglos de capitalización científica y crecimiento económico.
De todas formas, mi argumento no es que alguna vez colonizaremos el espacio, ni tampoco que debamos planear hacerlo. Como sostiene Neil deGrasse Tyson, probablemente sería trivial adaptarnos a una gran variedad de climas en la tierra antes de que sea factible colonizar la Luna o Marte. En vez de eso, yo señalo que toda dependencia que tenemos en un entorno específico es el resultado de conocimiento insuficiente.

 El capitalismo y la producción de conocimiento


Durante toda la historia de la humanidad, el amplio crecimiento económico per cápita no existía. La productividad per cápita estaba generalmente estancada; generación tras generación, milenio tras milenio, la pobreza extrema era casi universal y el progreso económico a gran escala era casi inimaginable. Prácticamente todo el mundo vivía con menos de 3.50$ en dólares de hoy según una investigación del economista de la Universidad de Oxford Max Roser, y la persona media vivía con mucho menos. Eso es incluso peor de lo que suena, porque (entre otras razones) la mayoría de cosas que podemos comprar hoy aún no habían sido inventadas, y la gente no tenía acceso a la mayoría de información que orienta nuestras compras en el siglo XXI.



Así pues, empezando en la Europa de Occidente en el siglo XVI, XVII, XVIII, un abanico de optimismo sin precedentes emergió y convirtió la riqueza (recursos atesorados en cajas fuertes y en colchones) en capital (recursos invertidos en producción futura y descubrimiento).  Entonces, el capitalismo nació y con él, el crecimiento económico exponencial empezó a extenderse a través de la mayoría de la Tierra (un proceso que continúa hasta hoy día). Como resultado, tanto los ricos como los pobres están sistemáticamente  rápidamente enriqueciéndose por primera vez en toda la historia humana. Mientras que el 94% de la población sufría extrema pobreza en 1820, en 1990 el número se había reducido un 36%, y en 2015 el número era menos del 10%. Según el mundo se enriquece, proliferan incontables cosas importantes, como el acceso a la nutrición, a la libertad lejos de la violencia, mejoras en la esperanza de vida, y por supuesto, el acceso a y a la producción de conocimiento científico y tecnológico.

El conocimiento es producido y difundido de muchas maneras. La educación es una variable esencial para el propósito de tener tanto una población de innovadores educada y una próspera comunidad de investigadores. Según una investigación del Brookings Institute, las oportunidades educacionales y sus resultados para los ricos exceden radicalmente los de los pobres-no solo entre países, ni dentro de ellos, pero en todo el mundo. Esto era de esperar. Ya sea fundado por individuos o por programas gubernamentales, cuesta muchos recursos construir instituciones educacionales fuertes e invertir en educar generaciones de estudiantes. Poblaciones pobres que casi ni se pueden permitir refugio, agua limpia, comida y medicina, no tienen mucho para invertir en necesidades como la educación. Y por supuesto, esto crea un circuito que se retroalimenta con una relación de causalidad que va en ambas direcciones: Si una población es inculta, escapar de la pobreza es mucho más difícil; si una población es pobre, invertir en educación es mucho más difícil.

Otra herramienta fundamental para la producción de conocimiento es la innovación, cuyo capital y motivación económica facilitan. Una gran cantidad de innovación viene de la inversión de capital en nuevas investigaciones y desarrollo. Poblaciones más pobres, sean subnacionales, nacionales o globales, tienen menos que invertir en posibles nuevas invenciones y procesos de los cuales los detalles son impredecibles con antelación. Ningún sistema incentiva inversiones útiles y desincentiva inversiones excesivas mejor que el sistema capitalista, en el que el capital propio del inversor está en riesgo. Los incentivos y la riqueza son dos razones principales por las que las naciones más innovadoras, como el top 10 del 2020 Bloomberg Innovation Index, son países capitalistas. La socióloga Susan Cozzens del Georgia Institute of Technology ofrece una precisa descripción del proceso.

En los documentos clásicos de la economía de innovación, las empresas privadas son la fuerza motriz. Buscan ventaja competitiva en el mercado introduciendo nuevos productos que les den un monopolio temporal. Al poner precios altos durante ese periodo de monopolio temporal, la empresa obtiene beneficios y crece. Introducir nuevos procesos puede derivar en ventaja competitiva si ese paso reduce costes o aumenta la productividad. Desde este enfoque, las empresas impulsan la innovación para sobrevivir y ganar en el mercado.

En efecto, ningún crítico serio del capitalismo discute que cualquier otro sistema produzca mejor material, riqueza e innovación. Incluso los Marxistas, los antagonistas más rotundos del capitalismo, reconocen que ningún sistema ha producido más innovación y abundancia. En el Manifiesto Comunista en 1848, Marx y Engels escribieron esto:

Los burgueses (La clase capitalista), En su dominio de clase, apenas centenario, la burguesía ha creado fuerzas productivas más gigantescas y de mayor envergadura que las creadas por todas las generaciones anteriores en conjunto. Subyugación de las fuerzas de la naturaleza; maquinaria; aplicación de la química a la agricultura y a la industria; navegación a vapor; ferrocarriles; telégrafos eléctricos; roturación de continentes enteros; regulación de los ríos; poblaciones íntegras que surgen de la tierra como por sortilegio —ningún siglo anterior habría podido presentir que semejantes fuerzas productivas estuviesen latentes en el seno del trabajo social
                                                                                                                            
Si tan solo Marx y Engels pudieran ver cómo ha crecido drásticamente la riqueza del proletariado bajo el capitalismo global desde entonces.

Tecnología medioambiental


En 1894, tan solo 21 años antes de la teoría de Einstein sobre la relatividad, el físico ganador del premio Nobel, Albert Michelson proclamó, “Las más importantes y fundamentales leyes y datos de la física han sido descubiertos, y están tan establecidos que la posibilidad de que sean suplantados en consecuencia de nuevos descubrimientos es excesivamente remota.” Algún fenómeno, como las tormentas de nieve o las eléctricas, son predecibles por aquellos que tienen el equipamiento y la formación necesarias. Pero el futuro del conocimiento humano no es un fenómeno. Los descubrimientos, por su naturaleza, son desconocidos hasta que ya no lo son. Las innovaciones suelen ser inimaginables hasta que ocurren, porque el acto de imaginarlas es lo que las hace existir.

La historia de los fracasos a la hora de predecir conocimiento futuro es larga y robusta. En 1901, dos años antes de que ambos consiguieran volar en aeroplano, Wilbur Wright le dijo a su hermano, “No creo que los hombres podamos volar hasta dentro de mil años.” En 1931, tan solo seis años antes de la exitosa división del átomo, Albert Einstein dijo, “No hay ni la más mínima señal de que la energía nuclear pueda ser obtenida algún día.” En 1957, doce años antes de que Neil Armstrong pisara la Luna, el padre de la radio, Lee de Forest, declaró, “El hombre nunca llegará a la Luna independientemente de todos los futuros avances científicos.”

Incluso después de que tecnologías capaces de cambiar el mundo fueran inventadas, las estimaciones de su utilidad suelen ser extremadamente inexactas. Internet, coches, y teléfonos fueron todos rechazados como invenciones insignificantes en los años precedentes a su ascenso universal. Así que deberíamos ser escépticos cuando vemos publicaciones en la BBC, Bloomberg, y Forbes negando la plausibilidad de inminentes avances tecnológicos sobre nuestros problemas climáticos. La verdad es que nadie tiene ni idea de que beneficiosas invenciones y descubrimientos existen o no existen en nuestro futuro más próximo.

Muchas soluciones tecnológicas populares para los problemas medioambientales ya han sido propuestos estos últimos años. Las tecnologías de secuestro de carbono son avaladas por científicos medioambientales en el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) así como por los miembros del Congreso de los Estados Unidos, tanto del partido Demócrata como del Republicano. Las invenciones están siendo implementadas para limpiar de plástico los océanos. Los rompeolas están siendo diseñados en algunas comunidades costeras y considerados a gran escala para mitigar la subida del nivel del mar.

En “El casino del clima”, Nordhaus escribe: “Las estimaciones actuales indican que la geoingeniería costaría entre una décima y una centésima cantidad que reducir las emisiones de CO2 por una cantidad equivalente de enfriamiento.” Pero con su nivel actual de desarrollo, estas tecnologías son inadecuadas para el pleno alcance del problema ya que no encaran suficientemente determinados peligros como la acidificación del océano. Por lo tanto, muchos ecologistas prefieren reducciones extremas en las emisiones de carbono, las cuales pararían el antropogénico cambio climático de raíz. Pero el cambio climático antropogenico no es solo un fenómeno del futuro. El Washington Post, los Angeles Times, CNN, y otras cadenas de noticias han destacado que ya está teniendo serios efectos, aquí y ahora. La transición del impacto precedido al impacto experimentado tuvo lugar hace décadas. Así que, ¿Qué tal nos estamos adaptando?

Scientific American informa de que el calentamiento global sería responsable de alrededor de 150.000 muertes al año en todo el mundo por sus efectos en la frecuencia y escala de inundaciones y huracanes, sequías y olas de calor, enfermedades transmitidas por vectores, y otros factores. No obstante, investigaciones de la Fundación Reason muestran que las muertes causadas por climas extremos han disminuido más de un 90% desde 1920. La investigación del economista de la Universidad de Oxford, Max Roser, mostró que cantidad de enfermedades, hambre, y otros problemas relevantes también habían disminuido en las últimas décadas (Las estadísticas de enfermedades citadas arriba son anteriores a la pandemia del COVID-19, pero no hay ninguna evidencia de que el COVID-19 esté agravado por el cambio climático al igual que otras enfermedades como la malaria o el dengue). Y que la esperanza de vida general ha aumentado globalmente de 34 años en 1900 a unos 72 años en 2019.

¿Por qué están disminuyendo las muertes relacionadas con el cambio climático mientras este parece estar causando más muertes? Porque, al igual que la actividad económica continua aumentando las emisiones de carbono, las tasas de crecimiento resultantes dan acceso a más comunidades para construir edificios climatizados, educación médica y suministros, infraestructura vital como hospitales y agua potable, y otras ventajas. Cuando los medios y los ecologistas defienden que la quema de combustible fósil no compensa el daño a la vida humana, están contando las víctimas de la catástrofe climática mientras ignoran a los beneficiarios del crecimiento económico en los países en desarrollo y en otros lugares. Esto es un error porque los dos están inextricablemente unidos.

Elige tu propia extinción


Por supuesto, solo porque nos hayamos adaptado extremadamente bien hasta ahora no significa que eso vaya a seguir siendo así. Peligrosos puntos de inflexión pueden acelerar el problema más allá de nuestra capacidad para responder. Como organismos vivos, tenemos un problema de magnitud evolutiva: nos adaptamos gradualmente a un entorno que cambia rápidamente. Si continuamos existiendo como cualquier otro animal, nuestro nicho acabará cambiando tan rápidamente que no seremos capaces de adaptarnos lo suficientemente rápido. Esto le ha pasado al 99.9% de las especies conocidas desde el principio de la vida en la tierra, hace alrededor de cuatro billones de año. Estos cambios han oscilado desde impactos de asteroides, a erupciones volcánicas, a pandemias virales, y por supuesto, a actividad humana en el último milenio, y son impredecibles para las especies que eliminan porque provienen del exterior del contexto limitado en el que evolucionaron esas especies.

Algunos argumentan que los humanos son solo otro mamífero como cualquier otro, y que todas nuestras afirmaciones de excepcionalidad han sido ignorantes arrogancias. Si esto es cierto, es casi seguro que estamos condenados a una extinción relativamente inminente por fuerzas que están más allá de nuestra influencia. Pero pensar de esta manera sobre la especie humana no explica las implicaciones de la tendencia de crecimiento económico de los últimos siglos. En su libro Scale, el ex presidente del Instituto Santa Fe, Geoffrey West, cuya reconocida investigación científica lo colocó en la lista de la revista Time de 2006 de las 100 personas más influyentes del mundo, analiza un hecho biológico profundo sobre las especies de mamíferos: prácticamente todos tienen la misma cantidad promedio de latidos per cápita. Un elefante promedio tiene una vida útil larga pero una frecuencia cardíaca lenta, y un ratón promedio tiene una vida útil corta pero una frecuencia cardíaca rápida. Todo se equilibra en aproximadamente un billón y medio de latidos en el transcurso de la vida. Otras clases de animales siguen leyes metabólicas similares.

Hace unos cientos de años, antes del aumento del capitalismo, los humanos no eran tan diferentes: vivían aproximadamente 35 años y tenían aproximadamente mil quinientos millones de latidos cardíacos como cualquier otro mamífero. Pero los conocimientos adquiridos desde entonces, como las innovaciones en medicina, agricultura y gobierno, han duplicado nuestra esperanza de vida y, con ello, nuestro número de latidos (algunos perros u otros animales domesticados han sido alterados de manera similar por el acceso a las innovaciones humanas). Esto constituye una desviación totalmente inédita del status quo biológico.

El conocimiento tecnológico, impulsado por el capital, nos ha permitido hacer muchas cosas categóricamente diferentes de los logros de otras especies hasta donde sabemos. El paradigma de extinción universal, que hasta ahora ha limitado a todas las especies de mamíferos a un millón de años o menos, debe estar en lo alto de nuestra lista de patrones para romper. No sabemos qué amenazas existenciales vendrán o cuánto tiempo tenemos para prepararnos para ellas, pero no podemos esperar que el ingenio humano nos apresure a pasar la línea de meta en el último minuto sin un contexto de progreso tecnológico y científico continuo y generalizado hasta ese punto: un proyecto que parece que solo el capitalismo puede financiar.

David Deutsch observa que la palabra "sostener" generalmente se refiere a la ausencia o prevención del cambio. Esto es lo que a los ecologistas como Naomi Klein y Alexandria Ocasio-Cortez les gustaría hacer con nuestro medio ambiente poniendo fin al capitalismo. Su solución al cambio climático es lo que todos los animales no humanos han hecho siempre:

dejar el entorno inalterado al abstenerse de la producción a gran escala y esperar a extinguirse. Desafortunadamente, como escribe Deutsch, "las sociedades estáticas finalmente fracasan porque su incapacidad característica para crear conocimiento rápidamente convierte un problema en una catástrofe". Por lo tanto, no es que el problema sea el capitalismo y la solución la sostenibilidad, sino que el problema es la sostenibilidad y la solución es el capitalismo.

Cada año, el capitalismo global permite que se financien más departamentos de investigación y desarrollo. Todos los días ofrece a ciudadanos de naciones ricas y en desarrollo la riqueza material requerida para una mejor educación y tecnología de la información. El crecimiento económico, junto con el aumento de las emisiones de carbono, podría conducir a un apocalipsis climático, o podría continuar brindándonos salvación material y tecnológica. Realmente no lo podemos saber de antemano. Pero sería una locura elegir la alternativa al capitalismo: la extinción por estancamiento.

Comentarios

  1. Rechévere, acá le dejo mis dieses nomás.

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  2. Hola.

    Este artículo es muy interesante, pero echo de menos ahondar en algunas cosas o quizá matizar otras. En particular:

    > ¿Qué tiene de erróneo el concepto de “Spaceship Earth”? En resumen, el planeta Tierra no es capaz de sostener la vida. Casi el 99.9% de las especies que alguna vez han existido en la Tierra ahora están extintas, algunas de ellas por eventos de extinción masiva y otras por extinción natural. Así que en realidad, la Tierra es casi enteramente inhabitable. Por el contrario, un 3.15% de las ejecuciones realizadas en Estados Unidos entre 1890 y 2010 fallaron en matar a sus víctimas. Una especie en la Tierra tiene más probabilidad de extinguirse que una persona de morir eficientemente en una silla eléctrica.

    Esta comparación es fundamentalmente incorrecta, y se confunden dos acepciones de vida. No sé si esto es una figura retórica intencionalmente retorcida, o realmente es un argumento a favor de algo (espero que no). La idea de vida biológica, entendida como el conjunto de especies que se van perpretrando en el tiempo, y la idea de vida individual. Puedo darle la vuelta a esta comparación, diciendo que la Tierra es incapaz de ser purgada de vida, ya que la vida biológica se ha mantenido durante varios eventos de extinción (incluida la terrible extinción masiva del Pérmico-Triásico) pero que por otro lado los humanos son incapaces de mantener la vida ya que la brutal mayoría de los humanos de toda la historia están muertos.

    > Durante toda la historia de la humanidad, el amplio crecimiento económico per cápita no existía. La productividad per cápita estaba generalmente estancada; generación tras generación, milenio tras milenio, la pobreza extrema era casi universal y el progreso económico a gran escala era casi inimaginable.

    Durante milenios los humanos fuimos unos pocos miles, y más adelante unos pocos millones. Todavía estábamos descubriendo cómo arar la tierra, tratar el metal o concebir siquiera la idea de "el otro". Con esta afirmación, ajustas más abajo un gráfico que es no engañoso pero poco claro. Más allá de que las medidas del PIB antes de un sistema económico bien establecido es muy difícil de medir (que esta incertidumbre se puede corregir de distintas maneras), da la impresión de que entre el año 1 y el 1500 no pasó nada. Esto se debe a que la riqueza generada a finales del siglo XX domina el gráfico. El crecimiento económico, al poder aproximarse por funciones exponenciales a trozos, debería representarse en escala logarítmica. Así, si en algún momento del pasado durante 10 años pasamos de 1000 a 10.000 pero en el futuro pasamos de un millón a diez millones en el mismo período de tiempo, da la impresión que el crecimiento de 1000 a 10.000 es irrelevante (y esto es mentira).

    > El crecimiento económico, junto con el aumento de las emisiones de carbono, podría conducir a un apocalipsis climático, o podría continuar brindándonos salvación material y tecnológica. Realmente no lo podemos saber de antemano. Pero sería una locura elegir la alternativa al capitalismo: la extinción por estancamiento.

    También podríamos seguir buscando alternativas a un crecimiento sostenible en el tiempo, o una economía más descentralizada y resiliente a fases contractivas sin tener que pasar por crisis ni pasar por un estado brutalmente centralizado. Los recursos son limitados, y mientras el valor de un recurso esté determinado por los costes inmediatos, corremos el riesgo de que la demanda no se adapte lo suficientemente rápido a la escasez.

    Saludos

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  3. Otra cosa:

    > Hace unos cientos de años, antes del aumento del capitalismo, los humanos no eran tan diferentes: vivían aproximadamente 35 años y tenían aproximadamente mil quinientos millones de latidos cardíacos como cualquier otro mamífero. Pero los conocimientos adquiridos desde entonces, como las innovaciones en medicina, agricultura y gobierno, han duplicado nuestra esperanza de vida y, con ello, nuestro número de latidos (algunos perros u otros animales domesticados han sido alterados de manera similar por el acceso a las innovaciones humanas). Esto constituye una desviación totalmente inédita del status quo biológico.

    Evidentemente que la esperanza de vida fuese de 35 años no quiere decir que la gente se muriese alrededor de los 35 años, del mismo modo que la media de número de piernas de los humanos esté entre 1 y 2 no quiere decir la mayor parte de la gente tenga una pierna a medias.

    La esperanza de vida de los 35 años se debe a que la distribución de longevidad es una bimodal, con dos picos diferenciados, uno alrededor de la infancia (enorme, además) y otro más aplastado alrededor de los 60. La alta tasa de mortalidad infantil disminuía la esperanza de vida, pero una vez superada, no era raro llegar a nuestra edad de jubilación.

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